miércoles, 8 de junio de 2011

11 de Nov de 2010

Pequeño angelito mío, que despertaste entre mis sombras. Te encontré perdido en ese mundo irreal, con aves inmaduras que no te ayudan a despegar. Al principio, careciste de valor y solo te encerrabas dentro de tu escudo de falsedad. Ajeno a todos aquellos pequeños ángeles que intentaban sacarte. Solías frecuentar las noches amargas perdidas en lujuria y desenfreno fantástico, un puro sueño carente de realidad. Jugabas a ser un ave, pero tu interior era pura agonía de felicidad. Puedes relatar mil anónimos pasajes, carentes de tu pequeño ángel, puedes lucrarte y creerte beneficiado al verte rodeado de aves, pero tu interior sabe la realidad de tu ser, y solo ve un fracaso entre el intento de integración.
Escúchame, no busques a las aves. Obsérvalas, encontraras así tu respuesta, intenta no ver ese espejo de inmadurez y mirar, en el interior de tu espejo, porque tú no eres más, y sabes que por muchas aves rodeándote, tu, angelito, sigues solo y solo necesitas mirar cerca de ti para encontrar la respuesta.
Una vez, tras verte como una más de las aves, me dejaste ver tu pequeño angelito, aunque luego volvieras a tu coraza absurda y de nuevo te engañaras haciendo sufrir a la pobre alma de la pequeña luz que necesitas. Sin embargo el alma jamás de rinde entre sufrimientos, espera poder ver tu despertar y al revés de tu pensamiento no será la pequeña alma la que verá la luz, será el pequeño angelito el que podrá salir de la aparente ave.

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